martes, 19 de noviembre de 2013

La comedia es el catecismo, el catecismo es la comedia: algo sobre La ronda de la hechizada

Dedicarse a la comedia, interpretarla, nunca ha sido bien visto. Woody Allen nunca ha logrado que su mamá esté contenta con el triunfo de su hijo como comediante. Sus grandes premios jamás tendrán la misma aprobación de los que lograra siendo un médico cirujano. 

Hugo Argüelles pone por escrito en La ronda de la hechizada, para que otros lo digan, las frustraciones de un cómico:

MEDORO.- ¿Cuántas iglesias contaste por el camino?
RICELO.- Más de cuatrocientas.
MEDORO.- Y ya se sabe que el clero nunca ha visto bien a los cómicos.
DOMINGA.- ¡Pues los de aquí, se aguantan, porque "racionalmente" hablando, nosotros somos ahora más evangelizadores que ellos! 
MEDORO.- Si nos dejan.
RICELO.- Ya te habrás dado cuenta que te van a traer cortada y medida.
DOMINGA.- Falta que yo me deje.

H. Argüelles

Dominga es una mujer imposible. Fue enviada por el rey a México para que ayude a los ladinos frailes en la misión evangelizadora. Cosa más rara difícilmente se verá. Una mujer en una misión como comediante para ayudar a los frailes. 


Pero Argüelles utiliza esta imposibilidad para explorar el verdadero afán de quienes veían en el recién conquistado México una nueva tierra de culturas diferentes, creencias extrañas y ritos mágicos a los que los cortos de miras veían como instrumentos diabólicos. Y Dominga no era de esas: Dominga era un espíritu libre. Y allí es en donde Argüelles reivindica al actor, a la experiencia del desprendimiento, "casi puedo sentarme entre el público y ver desde ahí lo que estoy haciendo en la escena".

Dice Roberto González Echevarría en Mito y archivo: una teoría de la narrativa latinoamericana que "La exploración científica trajo consigo el segundo descubrimiento europeo de América y los naturalistas viajeros fueron los nuevos cronistas": A la conquista económica y religiosa siguió una capacidad de asombro científico, por decirlo de algún modo. Dominga encierra alguna característica en este sentido: si bien es verdad que sucede en el mismo periodo de conquista también su personaje se dibuja con la características de quien quiere conocer el nuevo territorio, explorarlo, conocerlo culturalmente: atrapar y dejarse atrapar. Este personaje de Argüelles es un personaje único en un mundo dramático mexicano y de conquista en donde la mujer, casi siempre indígena, es moneda de cambio o mujer fatal, víctima o harpía.

La magia que reconoce Dominga es real. Documenta los ritos y los poemas, los nahuales, las desapariciones de un condenado a la hoguera juzgada como sirvienta de Satanás por los frailes, de hechizada y que logra convertirse en otro tipo de Malinche, una española, que documenta para conocimiento de sus paisanos y que el rey perdona hasta el punto de mandar la construcción de una "Casa de Comedia en México", dado "Que los tales poemas enviados para mi conocimiento, como pruebas de complicidad idóltara y copiados de viva voz a la sospechosa, señora doña Dominga del Parián, enviada mía, no son más que reproducciones de los mismos que por las tierras de Castilla, dijeron y dicen aún, los campesinos y trovadores, acompañándolos en veces con música y en veces no".

Epílogo
La comedia es mal vista. La actuación es peor vista. La risa es condenada y condenable. Porque toda representación es un vuelta al momento mismo representado. Y una representación que ponga en tela de juicio cualquier momento fundacional hace temblar las cimientes de la civilización. Más aún si es la risa el principal motivo que incite a la búsqueda de otros principios.