miércoles, 20 de noviembre de 2013

Guadalupanos vs teatreros (con límite de tiempo)

Para que la comprensión de la magnífica parodia de Oscar Liera llamada Cúcara y Mácara estuviera completa habría que conocer el hecho de 1921, cuando la Virgen de Guadalupe sufrió un atentado. Sucedió en 1921, en el sitio Luxdomini.com podemos conocer los detalles sucedidos aquel fatídico 14 de noviembre:

Crucifijo doblado por la explosión en la Basílica
"En ese momento, de un grupo de obreros que estaban en el templo, se adelantó un individuo pelirrojo, vestido con un overol azul nuevo, a colocar rápidamente un ramo de flores ante la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe. Bajó y un momento después se produjo una tremenda explosión, que sacudió los muros de la Basílica: había estallado una bomba a los pies mismos de la imagen milagrosa".

El hecho está allí, documentado. Envuelto por un manto de terrorismo bolchevique (el comunismo era el diablo). Es bastante obvio que la descripción del obrero bombardero responde a estereotipos del extranjero comunista que quiere violar la fe mexicana y arrancar las raíces para sembrar la cizaña marxista y anticristianísima.

Sigue la descripción de la supervivencia del ayate de Juan Diego al odioso acto:

"De inmediato se acudió a observar qué había pasado con la imagen, se había caído la cortina que cubre el cuadro, candeleros y floreros, y un pesado crucifijo de bronce que se dobló hacia atrás por la explosión. El ayate de Juan Diego donde está estampada la Virgen de Guadalupe no sufrió ningún daño, ni tampoco el cristal ordinario que la protegía del ambiente, cosa rara -¿milagrosa?- si consideramos que en la misma Basílica y aun afuera hubo vidrios rotos por la detonación."

Explicaciones técnicas para aclarar el porque un objeto puede salvarse de una explosión seguramente podría haberlas pero para la fe no hay explicaciones. Tampoco las busca. La fe que busca explicaciones científicas es la más absurda de todas: por querer explicar la naturaleza por los dogmas es que la religión, cualquiera, sea de Estado o abominada por éste, es un material en bruto, una masa maleable para que dramaturgos como Óscar Liera, ensayistas como Fernando Vallejo o divulgadores de la ciencia como Richard Dawkins creen el arte de su parodia.

Cúcara y Mácara, a pesar de su tono satírico, no es sino una descripción de los que pudo haber sucedido al interior de la oficina del obispado para salvaguardar el alma de los mexicanos, porque guadalupanos somos todos, dirán los que dibujan el mapa mental de lo que debe ser un mexicano, incluyendo a mormones mexicanos, judíos mexicanos, musulmanes mexicanos, ateos mexicanos... Una imagen judeocristiana indigenizada, madre de Dios, para la unión de todos sus hijitos. Cúcara y Mácara es pues un drama histórico con máscara de comediante.

Nuestras Señoras de Siquitibum
Es bastante extraño que una mujer, una indígena, sea objeto de culto en un ambiente católico siempre misógino, siempre amansador de explotados. Como para curarse en salud la cercanía de la religión católica hacia el lado del poder. Más anticristiano no se puede ser. Vamos a recordar que a los ricos y a los gobernantes el mismísimo papa les disuelve matrimonios. Para que no quede en entredicho la pureza de las nuevas primeras damas de Siquitibum como le dice Liera a México en su texto dramático.

Beatriz J. Risk dice que "la historia para ser verdaderamente crítica tendría, al validarse en términos posmodernos, que negarse a sí misma y presentar lo "impresentable", o sea lo que estaría en contra de cualquier canon establecido".  Por esa imposibilidad de que la historia crítica exista es que la literatura tiene la obligación de conformar la otra parte de la historia. Si la historia la escriben los vencedores, el escritor debe recoger todas las voces y manifestarlas para la posteridad.

Es una labor importantísima porque los vencedores muchas veces se parecen a los dictadores que pretenden borrar todo pasado que no convenga para el forjamiento de su nación idílica, a la realización de sus sueños húmedos despóticos.

La religión católica es objeto de muchas críticas y mucho se le ha parodiado. Pero quedan muchas cosas escabrosas que aclarar en México. El caso de Marcial Maciel y la protección urbi et orbi de los curas pederastas debiera estar siendo en este justo momento el semillero para que los creadores, narradores, poetas y dramaturgos escriban la memoria de un país que padece de Alzheimer.

Para finalizar, Rizk cita a Jorge Ibargüengoitia: "Si no voy a cambiar el mundo, cuando menos puedo demostrar que no todo aquí es drama".  De eso se trata, creo yo, la creación literaria. La búsqueda de la verdad que sufre escarnio, igual que los religiosos que buscan la verdad denunciando al narco, defendiendo a los migrantes, entre muchos actos más acordes a lo que debería ser la fe del total de quienes la profesan. Liera da éste lugar a un sacerdote que llama a la cordura y David Olguín narra en el prólogo como le fue a la compañía de teatro contra los guadalupanos que en pleno acto de represión se fueron a los golpes en una especie de metateatro a la inversa y al extremo.