sábado, 10 de agosto de 2013

La guerra de las gordas

La comedia de Salvador Novo In pipiltzinzin, cuyo subtítulo es La guerra de las gordas, sorprende al lector por la actualidad de su lenguaje, mas cuando la historia se desenvuelve en el México prehispánico; reflejando en el mundo político y de guerras intestinas entre los reinos de Tlatelolco y Tenochtitlán mucho de la historia del México posrevolucionario, sesentero, priísta en su máxima expresión y habitante de un mundo en donde ya se cocinaban una serie de descontentos de la juventud estudiantil del mundo que en México sería aplastada por la represión fascista.

Por ser de origen estudiantil, la serie de descontentos podía considerarse culta y entre sus inspiraciones estaba el revalorar el pasado originario a manera de reacción ante un imperialismo yanqui que se vería azuzado por una isla pequeña llamada Cuba y que inspiraría a que los pueblos del mundo buscaran su propia identidad e independencia sin contar que los amos y señores de los gobiernos pensaran muy diferente a ellos.

En el nacimento de aquel volátil e inspirador ambiente, Novo escribe y después dirige In pipiltzinzin en donde en dos actos y partiendo del humor inspira al lector/espectador a que se reconozca parte de una historia antigua a modo de lección primero pero de inmediato a modo de sátira y burla en donde se da la licencia suficiente para hacer hablar a sus personajes tenochcas y tlatelolcas prehispánicos desde latín hasta inglés, jugando así con la mundialización en la que México ya se encontraba inserto: al mismo tiempo en que los mexicanos voltean a ver su pasado para reconocer la mitad de su origen, no pueden abstrarse de un tejido mundial que los obliga a ser parte de un mundo sobreviviente a dos guerras mundiales y en el cual ya se iniciaba una guerra fria entre capitalistas y socialistas.

De la misma manera en que uno no puede entender el conflicto bélico entre los habitantes de un mismo planeta o incluso de un mismo continente, tampoco se pueden entender los conflictos entre los habitantes de una misma región, de un mismo pueblo. Las guerras entre las culturas de Mesoamerica que finalmente amedrentaron sus fuerzas para enfrentar a los conquistadores europeos nos dan una idea de lo absurdo que resulta la desunión, que se explica por muchos factores (castas, mitologías, economía) pero que no deja de resultar absurdo. Al final, los guerreros, los soldados rasos son quienes terminan entregando la vida y los emperadores entregando la versión oficial con todo y loas, condecoraciones y altos honores al pueblo que les entrega a sus hijos, a veces a la fuerza como bien sucede en La guerra de las gordas.

Sexo, mentiras y gobierno

La censura en México siempre ha existido. Es un fantasma que espanta a la libertad de opinión, de prensa y por supuesto al quehacer artístico. Resulta pues paradójico que la obra La guerra de la gordas haya sido representada y con éxito en el teatro Fábregas de Ciudad de México en los sesenta. 

Y es que Novo fue muy inteligente al ubicar en un pasado remoto la evidencia de corrupción, decadencia y mitomanías de un gobierno enfermo de excesos y venganzas políticas. Señalando la fragilidad ideológica con que se sostienen los hombres en el poder. El supuesto origen glorioso que le da la autoridad moral para mantenerse en el poder por los siglos de los siglos, siendo ese origen un destino marcado por Dios o la herencia de una lucha revolucionaria que sustenta la permanencia de un partido cuasi único, por los que ya se ve en este nuevo siglo una nueva permanencia de los revolucionarios institucionalizados (por lo menos de un siglo a otro).

Pero no hay que ver el humor con que lo hace. La risa es un elemento subversivo, la peor de las ofensas para el estado cimentado en la solemnidad. La represión es siempre solemne. La risa permite a Novo viajar desde un personaje que evoca a Tiresias advirtiendo a Edipo rey la desgracia que se avecina, utilizando a la mujer como una especie de oráculo, vehículo bélico, objeto sexual y parturienta de los herederos al trono: uno, dos, tres, diez royal babies que garanticen el poder que da la sangre. 

En una especie de masacre de inocentes inversa, Herodes se roba los hijos para asegurarse que el nuevo Mesías estará de su lado. El pueblo celebrará la unión de Dios con su realeza y seguramente celebrarán hasta emborracharse.

La visión de la mujer en la obra es muy importante. Es caballo de Troya y también es Helena. Es prostituta pero también no puede ser madre porque no puede ser objeto sexual. Chalchiuhnenetzin es lo contrario del estandar de belleza: es flaca. Contrario a los estándares actuales, una mujer flaca es menos apreciada que una mujer entrada en kilos. Una mujer gorda tiene poder, tiene la posibilidad de tenerlo, de serlo todo: madre, esposa, amante y militar. No es sino un sujeto con acciones propias, con opiniones, maquiavélica y triunfante. Aunque como sucede en la actualidad el poder siempre será detentado por un hombre cuya virilidad depende en gran parte de la sementalidad que le permita ser como un gran macho alfa en la jungla política.

Mala leche

Todo en La guerra de la gordas es hilarante. Las premoniciones que hablan por las partes pudendas de la mujer y la estrategia militar que incluye una promoción de las virtudes de la lactancia materna. Y pensando en que toda esta representación pudiera tener un referente real llegué a la sospecha de que Novo hacia referencia al presidente Ávila Camacho, quien nunca tuvo hijos con su esposa Soledad Orozco. De el se dice que tuvo numerosas amantes y una de las acciones de ella como primera dama, fue cubrir "las turgencias" de la Diana Cazadora en apoyo a la Liga de la Decencia.

Cierto es que estas afirmaciones rayan en lo difamatorio y son totalmente arbitrarias, de origen Wikipedia, aunque resulta curiosa la coincidencia entre el emperador Ávila Camacho de México y el presidente Moquíhuix de la obra de Novo.

Claro que no es necesario ser un sesudo investigador para saber que con el poder vienen los excesos. Que la decadencia se renueva cada sexenio. Que la desunión entre los mexicanos viene cada elección, motivada por quienes no se ensucian las manos. Que los políticos siempre han de comportarse como nuevos ricos y que los soldados de a pie, siempre verán pasar de curul en curul, de silla en silla a quienes les toca todo, por herencia y justicia de la revolución. Que al pueblo lo que le gusta es que sus representantes sean hechos para la televisión (medio por cierto, en el que la risa como la que motiva Novo en su obra está secuestrada por bufones descerebrados y comedia de pastelazos).

Cierto es que en México ya no hay monarquía pero lo que hay se le parece bastante. Así Salvador Novo, logra de manera magistral hacer pensar al espectador al que se le motiva con la risa para que tome las armas de una reflexión que no acaba al caer el

Telón.